El siguiente llamamiento fue aprobado en el I Congreso Ordinario del Partido Comunista Obrero de Alemania (KAPD), celebrado el 4 de agosto de 1920.
El llamamiento fue elaborado durante el Congreso por una comisión especial. No está del todo claro, pero lo más probable es que esta comisión fuera la misma que la elegida el 2 de agosto de 1920 para perfeccionar el borrador del programa del KAPD. Dicha comisión estaba formada por Karl Schröder, Arthur Goldstein y Alexander Schwab.
La presentación y aprobación de la Proclamación tuvo lugar inmediatamente antes del informe sobre la situación política presentado por Alexander Schwab, quien comenzó a referirse a ella como si fuera uno de sus autores.
¡Obreros! ¡Camaradas de clase!
A los furiosos ataques concentrados del capital mundial y de sus cómplices contra la Rusia soviética se les ha quebrado la punta por la derrota aniquiladora de Polonia y por el avance victorioso del Ejército Rojo hacia la India y el mar Negro.
La siguiente consecuencia de la voluntad de destrucción del capital mundial es la organización sistemática del terror blanco. En Hungría y en Polonia, en América y en la India, la bestia del terror blanco se desencadena. En Alemania, esta voluntad de destrucción encuentra su expresión en la ley de desarme. Esta ley de desarme significa la instauración legal del terror blanco, por orden del capital de la Entente y con el consentimiento de la burguesía alemana, para poder aplastar a golpes al proletariado revolucionario. Solo los obreros revolucionarios, y no la burguesía, sentirán las garras de esta ley de excepción.
No os dejéis engañar por quienes quieren haceros creer que el desarme de la reacción debe preceder al desarme del proletariado, pues el desarme de la revolución solo puede ser obra de la revolución misma. Por eso la consigna debe ser: ¡Obreros, no os entreguéis sin lucha a la reacción!
El capital mundial se prepara para la batalla decisiva entre capital y trabajo, y toma las disposiciones para la destrucción total del pensamiento y la voluntad revolucionarios. Sobre todo se elevan como señal de fuego y advertencia para el proletariado las palabras del Manifiesto Comunista: “¡O comunismo o hundimiento en la barbarie!”
Los ojos de nuestros hermanos rusos, los ojos de los proletarios de todos los países están puestos en nosotros, proletarios de Alemania. Alemania es el baluarte más fuerte de la reacción mundial y por ello la llave de la revolución mundial. ¡Tomemos conciencia de nuestra tarea histórica mundial!
El Tratado de Versalles, Spa, la ley de desarme y otros no son más que preparativos para el golpe decisivo contra el proletariado. Comprender esto significa entender la tarea del proletariado en este momento. Más estrechamente y con mayor presión el capital aprieta el lazo alrededor del cuello del proletariado. ¡Rompámoslo antes de que nos estrangule!
No a las asambleas de protesta ni a las resoluciones, ¡la acción es la consigna del momento! ¡Abajo los compromisos y la táctica de las negociaciones! ¡Abajo las sutilezas teóricas! No puede haber ningún acuerdo. La consigna es: lucha. ¡Abajo las cadenas de la esclavitud asalariada!
Es necesario salir de la inactividad. No queremos más la arrogancia de poder de una pequeña camarilla de poseedores. La destrucción completa del modo de existencia económico y social burgués-capitalista es y debe ser el objetivo de nuestra lucha. Solo sobre las ruinas del viejo mundo puede surgir el nuevo mundo del comunismo.
La hora de la decisión se acerca. ¡Prevenid el golpe destructivo del capital mundial! Formad un bloque con los pioneros de la revolución mundial. Luchad hombro con hombro con vuestros camaradas de clase, no por los intereses de un partido, sino por el comunismo, que no responde a los deseos de un partido, sino a los intereses del proletariado mundial.
¡Por la dictadura del proletariado! ¡Por la Internacional comunista! ¡Por el sistema de consejos! ¡Contra la servidumbre y la tiranía! ¡Adelante hacia la liberación de la humanidad!
Está en juego el futuro de la clase obrera. ¡A la acción!
¡Viva la revolución mundial!
4 de agosto de 1920