Antiguas y nuevas formas de organización
1.
La organización ha sido una de las palabras más queridas y odiadas de las últimas décadas. Tenía un significado diferente para cada persona; cada uno la utilizaba de manera distinta; cada uno le daba un contenido diferente. Pero, en general, la opinión de la gente se dividía en dos corrientes. Algunos veían la organización como la característica básica de la nueva era, que consideraban necesaria y valiosa para propagar con todas sus fuerzas y, por lo tanto, también elevada a una exigencia moral. Para ellos, la esencia de los tiempos se cristaliza en el gran Estado (con colonias), así como en el fideicomiso, en la gran ciudad, así como en el registro de la oficina de empadronamiento de residentes. En la Überlandzentrale, así como en la asociación patriótica de mujeres. La ética individual es sustituida por la organización; la «Cruz Roja» asume la función de la compasión, etc. Los demás veían en la tendencia hacia la organización la sustitución de la cultura por la civilización, la victoria de la penitenciaría sobre la libertad, la destrucción del organismo por la máquina. Intentaron imponer el centralismo a través del anarquismo.
Esta lucha por la organización entró en una etapa de intensidad sin precedentes a través de la guerra mundial y las revoluciones posteriores. La crisis europea, la crisis mundial, como crisis de la sociedad capitalista, ha planteado el problema teórica y prácticamente, intelectual y formalmente, con una amplitud y profundidad nunca antes vistas.
2.
Cuando hablamos de organización, solo tocamos brevemente la explicación de la palabra. Los filólogos pueden recitarla de memoria. Tampoco hablamos de las diferentes disposiciones y habilidades de las personas y los pueblos para las tareas organizativas. Estas discusiones no carecen de importancia y deben tenerse en cuenta, pero solo son una parte. Cuando hablamos de organización, nos referimos a algo más que eso, y también a otra cosa. En primer lugar, una calificación negativa: la organización no es una cáscara exterior. El significado práctico de la organización no se agota en párrafos, directrices, estatutos, reglamentos, ordenanzas políticas y policiales, como tampoco lo hace el manantial termal en su superficie burbujeante. En sentido positivo: la organización es la forma de expresión inseparablemente ligada al proceso histórico-económico, al crecimiento y desarrollo físico y espiritual de las personas y la sociedad humana; conectada orgánicamente al cuerpo como la piel, cambiando con él, estirándose o encogiéndose, tensándose o arrugándose y llenándose de pelusa. La organización es el resultado de una determinada base (social), que, es cierto, nunca puede fijarse de forma definitiva, sino que se reformula constantemente. Es una expresión de determinadas relaciones sociales. Por lo tanto, si seguimos hablando de organizaciones antiguas y nuevas, no debe entenderse como si las antiguas hubieran sido engullidas por el abismo, hubieran caído de repente como una piel larvaria, mientras que las nuevas revolotean hacia la vida como mariposas. El crecimiento, el envejecimiento y la muerte gradual de una organización van acompañados, amenazados y arrasados por la aparición de una nueva. El proceso en su conjunto es revolucionario. (Aunque se podría decir que aquí todo lo que en realidad está en proceso de convertirse —debido a su expresión en el lenguaje— se presenta como un hecho establecido).
3.
La organización del pasado, la organización del sistema capitalista, ha encontrado su máxima y más fuerte expresión, por el momento, en el Estado de clases moderno. Como organización, está compuesto por la población de un determinado territorio y se rige por las relaciones de poder que existen entre sus miembros. Es el órgano legislativo y ejecutivo de la clase capitalista y de aquellos que están o se sienten conectados a ella material o ideológicamente. Crece y cambia con el progreso del desarrollo capitalista y las necesidades de aquellos interesados en él. El Estado, como expresión de organización, es la centralización y concentración de todas las aspiraciones de la clase dominante; al mismo tiempo, es un concepto, una expresión de la ideología capitalista. El filósofo burgués del derecho dice:
«El Estado es la realización de la idea moral» (Hegel), o el Estado es la comunidad organizada en una personalidad que, en virtud de su propio derecho, exige cultura y protección contra lo incultivado en todos los aspectos. No lo hace de forma aislada, sino en todos los aspectos de la actividad y el desarrollo humanos. El Estado es un Estado cultural y, como tal, lleva consigo su propia justificación; de hecho, no solo su justificación, sino también su santificación: dudar del Estado es dudar de la cultura.
Por el contrario, postulamos que el Estado capitalista es la sanción material e ideal de la empresa privada y la idea de propiedad. Como hecho y como dirección de la voluntad, significa la canonización del individuo, del egoísmo. Es el representante de la clase dominante. Fundado históricamente y continuando fundándose en la acumulación de capital y la voluntad de poder, el Estado crece y busca completarse en la dictadura mundial del capital, en el centralismo y la supresión de toda resistencia. Se encamina hacia el gremio (1) económico mundial, hacia el trust bancario mundial en el símbolo de la sociedad anónima, organizado a escala totalizadora de los mongoles bajo Genghis Khan. Se expresa de manera visible, y lo que es más importante, en el sistema de la burocracia. En el militarismo, en el partido, en el parlamentarismo, en el liderazgo profesional, en la educación basada en los libros de texto, en la degradación de la gran mayoría de sus súbditos y en la conversión definitiva del hombre en un accesorio de la máquina, en la supresión de toda independencia. En la cima, líderes divinos, apenas responsables, y detrás de ellos sus administraciones; en la base, las masas privadas de derechos, a las que se les arrojan migajas o se les echa a la cuneta, dependiendo de lo fácil que sea calmar a la bestia.
Lo que se interpone en el camino de estas tendencias es el desarrollo desigual; la competencia entre naciones como comunidades culturales o raciales; la comprensión de este proceso capitalista y, por lo tanto, la lucha defensiva y ofensiva de la clase oprimida, es decir, el surgimiento de una nueva organización.
4.
Un cierto período de transición en este proceso fue la concentración de multitudes cada vez más numerosas en el reservorio de los partidos socialdemócratas y los sindicatos. Pero lo que se formó aquí no fue esencialmente la expresión de una nueva organización, sino más bien una negación pura y simple. El anclaje material e intelectual de las masas en la vieja sociedad, en la esfera económica privada, resultó ser más fuerte que la vitalidad de las nuevas sociedades. La mecánica y la rutina de la actitud hacia el individuo y el egoísmo resultaban más cómodas y plausibles que la dinámica de las masas y la esfera social. Cuanto más tiempo y más se convertía la socialdemocracia en el partido de la negación pura, fracasaba donde se suponía que debía ir, fracasaba en crear lo social, más creaba la socialdemocracia solo estructuras de carácter burgués, permaneciendo dentro de los límites del mundo burgués y su cosmovisión, atrincherándose con ellos, adoptando sus manierismos, solo que más torpes y sin cultura. Esto lo ilustran sus representantes en la forma de Hanisch, Ledebour y Radek.
Todos estos representantes eran fundamentalmente diferentes, pero todos estaban conectados con el mundo burgués. Hanisch no carecía de conocimientos sobre el socialismo científico, pero estaba atrapado en las fronteras culturales y nacionales alemanas. Ledebour, (¿líder de?) la negación crítica, fanático de la civilización alemana, estaba atrapado en el parlamentarismo, incapaz de alcanzar los medios proletarios. Radek, representante de la internacional, carecía de cultura, teóricamente orientado hacia los medios proletarios, pero prácticamente atrapado en los métodos de la burguesía. Un político oportunista que conoce el socialismo como un hombre de negocios conoce la ciencia: solo para uso personal. Todos ellos carecen del poder de la voluntad social, es decir, de la vida, tal vez incluso de la capacidad de seguirla, porque faltan las condiciones previas para ello. Además, hay otra cosa que los une a todos: la esencia del liderazgo en el mundo capitalista. Y nada caracteriza más claramente a la antigua organización, nada se reconoce más rápidamente en su tipo en todas partes que el liderazgo.
Este es el carácter de la antigua organización: el culto a la personalidad, el culto al heroísmo, al multimillonario y al especialista. El mundo es un grupo de gobernantes y un ejército de gobernados, unas pocas personas inteligentes y millones de burros. Las masas son el objeto: piezas de un tablero que se mueven según las necesidades y el conocimiento del juego. Bajo la coacción de tal liderazgo, al principio no se materializó casi nada de la esencia de un mundo nuevo, una organización en ciernes, fundamentalmente diferente de la antigua.
La llamada socialdemocracia como partido, así como en todas las demás formas de expresión y confirmación, como en los sindicatos, las cooperativas y la cultura, se movió casi siempre siguiendo las líneas capitalistas-burguesas. Adoptó el lema capitalista «el conocimiento es poder»; en lugar de resolver los problemas sociales, en lugar de liberar las propias fuerzas de los proletarios en las comunidades trabajadoras, sus maestros y agitadores, ellos mismos todavía completamente bajo el hechizo de la cultura burguesa, alimentaron a los hambrientos y perdidos con bocadillos de los grandes almacenes del viejo mundo. Durante una lucha —que era absolutamente necesaria y que no requería propaganda de una utopía lejana, sino más bien señalar el camino hacia ella, es decir, la explotación práctica de todos los bastiones burgueses durante el tiempo que fuera necesario—, el SPD perdió de vista el objetivo real. Un objetivo que requería una construcción laboriosa, pero una construcción que debía abordarse de inmediato.
En el mejor de los casos, el objetivo (del socialismo) se convirtió en un ideal propagandístico que supuestamente surgiría por sí solo una vez que se hubiera alcanzado el poder político. Así, los métodos socialistas se vieron invadidos por el capitalismo, adquiriendo un carácter cada vez más burdo y burgués. No es sorprendente, por ejemplo, que los partidos, desde el Nacional Alemán hasta la Liga Espartaquista, no difieran en nada esencial, salvo en el hecho de que cuanto más nos desplazamos hacia la izquierda, más se extienden los métodos capitalistas despiadados.
Si el dominio de la burguesía se desarrolla en el parlamentarismo, en la reunión de los más nobles de la nación como líderes profesionales, entonces el parlamentarismo se desarrolla en los partidos políticos. El dominio de los partidos es el dominio de los líderes de los partidos. El partido, en este sentido, es una expresión específica de la sociedad de clases. Ser un hombre de partido significa ser un maestro de la palabrería, disfrazar u ocultar los impulsos y objetivos egoístas, convertirse en un maestro del engaño, ya que esa es la aplicación más astuta de la sabiduría jesuita: el fin justifica los medios. Ser un hombre de partido significa tener el valor de ser estrecho de miras, el valor de ser trivial, el valor de matar lo humano en el hombre. Ser un hombre de partido significa anteponer el valor de la máquina al valor de la célula viva en la búsqueda. Los partidos participaron en la influencia que desencadenó la guerra mundial, los partidos se dedican a la labor de los buitres sobre los restos de la vieja sociedad, los partidos quieren atiborrarse de los jugos sangrientos de la nueva sociedad sin clases.
Los sindicatos supuestamente socialistas revelaron su carácter capitalista de forma casi más brutal y en muchos sentidos. Basta con observarlos: burocracia, liderazgo profesional, centralización al estilo capitalista, exigencia de antagonismos de clase, formación de nuevos antagonismos de clase a través de asociaciones profesionales o industriales, empresas conjuntas entre empleadores y empleados, separación entre trabajadores cualificados y no cualificados, hombres y mujeres, sistemas de apoyo y seguros.
5.
A pesar de estos momentos obstructivos, a pesar de todas las aberraciones de un período de transición, la nueva organización proletaria se cristaliza naturalmente en el proceso de organización capitalista, que se denomina —con un nombre espantoso— organización de consejos.
Inevitablemente, al igual que la vieja sociedad capitalista debe perecer, la nueva sociedad proletaria y sin clases rompe las cadenas más fuertes, los tirantes más gruesos, las pieles más duras. Las viejas capas caen como la corteza de los plátanos, unas pronto en la parte superior, otras pronto en la parte inferior, pero es seguro que caerán, y los nuevos y jóvenes tejidos se estiran elásticamente, brotando de los cerebros y los puños de los proletarios luchadores.
Sin embargo, en ese espacio vacío, que se supone que encierra el espíritu del filisteo alemán, se refleja un extraño sistema de consejos. Un sistema de consejos que no es más que el viejo teatro burocrático con el palco, el parterre, los asientos con barandilla, la primera, segunda y tercera filas, ahora ocupadas por miembros de las clases «bajas». Él está horrorizado, y nosotros también lo estaríamos ante el socialismo de la penitenciaría, cuyos pasillos están repletos de consejeros como funcionarios de un nuevo Estado. Pero tales pensamientos solo pueden surgir en el alma de un funcionario alemán y solo encuentran eco en las clases trabajadoras, cuyas propias vidas están enturbiadas en las aguas turbias del entorno capitalista. Aquellos que no pueden levantar la vista por encima del día, que solo pueden hacer justicia a los muertos y al pasado, que no pueden comprender las ideas a medida que se desarrollan y crecen, que no pueden sentir las fuerzas incontenibles que los impulsan hacia adelante en el fango y la confusión, bajo el crimen y la incompetencia, ni siquiera pueden acercarse al acontecimiento más poderoso de la nueva era, el nacimiento de la sociedad proletaria, que está entrando en su etapa final bajo terribles dolores.
La organización de consejos aparece allí donde la idea de la oposición absoluta entre explotadores y explotados se convierte en realidad, allí donde el proceso de agitación surge con pureza revolucionaria. Aparte de muchos fenómenos individuales tempranos, surgió claramente en la Comuna y se fortaleció, profundizó y amplió aún más en la Revolución Rusa de 1905.
En Alemania, inicialmente solo se sospechaba y —de forma bastante débil— se intentaba formular teóricamente, hundido y enterrado por las tendencias descritas anteriormente, solo la guerra y la revolución, con su terrible agudeza, su fuerza monstruosa, revelaron lo que había sido enterrado y olvidado y crearon las condiciones necesarias para un desarrollo nuevo e independiente, poniendo todo lo que parecía haber funcionado bien y cómodamente de nuevo en debate y con una agudeza sin precedentes, como un problema, es decir, como una nueva tarea por resolver. Y no solo la pequeña cuestión del partido socialdemócrata, sino las cuestiones generales de la economía y la historia, las posibilidades de un mundo material e ideológicamente diferente. Las condiciones vuelven a estar reunidas para el despliegue y el desarrollo de la nueva organización.
6.
¿Qué significa esta organización de consejos? Si el socialismo es la negación absoluta del capitalismo y, al mismo tiempo, una nueva expresión económica y espiritual de la humanidad —naturalmente concebida siempre como un devenir—, entonces la nueva organización, como manifestación de este proceso, será y deberá ser fundamentalmente anticapitalista en su contenido y forma (que están indisolublemente ligados). Como negación (como puro instrumento de lucha, es decir, instrumento de lucha contra su oponente), significa la destrucción de la antigua forma de organización centralista-burocrática, la destrucción del Estado, la destrucción de la Sociedad de Naciones como precursora del parlamento fiduciario de acciones que domina el mundo y su ideología, la destrucción del espíritu empresarial, de la empresa privada, la destrucción del gremio económico mundial. Como negación de la negación, significa la construcción de la economía común, la federación de las fuerzas sociales y el desarrollo de su autoconciencia. En el período de transición significa los consejos como órganos de la revolución proletaria, la organización de los consejos como órgano necesario para la creación de la unidad de lucha del proletariado. La organización de los consejos no como la organización de la lucha por el alma de los trabajadores, sino como la formulación, la manifestación y la delimitación de su desarrollo de la autoconciencia, de su voluntad social. Por lo tanto, la nueva organización tendrá que encontrar y buscar su fuente de fuerza en constante flujo en lo social; se fundará y anclará no en el individuo, en el egoísmo, en la propiedad, en la economía privada, en el centralismo y en el Estado, sino en las masas, en lo social, en la economía común. La organización del consejo no como la organización de la lucha por el alma de los trabajadores, sino como la formulación, la manifestación y la delimitación de su desarrollo de la autoconciencia, de su voluntad social. Por lo tanto, la nueva organización tendrá que encontrar y buscar su fuente de fuerza, que fluye constantemente, en lo social; no se fundará ni se anclará en el individuo, en el egoísmo, en la propiedad, en la economía privada, en el centralismo y en el Estado, sino en las masas, en lo social, en la economía común. Su naturaleza se desarrollará a partir de esta base. Y es evidente que una separación —por cierto, poco necesaria— entre consejos de fábrica y consejos obreros no debe tener lugar en ningún caso según el principio (del SPD) de «marchar por separado y golpear juntos». Este es un peligro que debe combatirse con la máxima severidad. Ambos deben luchar en unidad indisoluble desde el principio. Es en los consejos donde se forman los métodos y las armas de la lucha social y proletaria, y donde se amplían y profundizan los cimientos de la naciente sociedad socialista.
Una comparación puede ilustrar, en la medida de lo posible, la naturaleza de la organización de los consejos. Si la forma capitalista de organización puede compararse con una pirámide, la nueva se asemeja a un poliedro (polígono) en el que cada vértice está fuertemente y elásticamente conectado al centro. Las fuerzas centrípetas y centrífugas, las que tienden hacia dentro y hacia fuera, se contrarrestan mutuamente. La forma burguesa de organización está orientada hacia el individuo, florece en el culto al héroe, en la idolatría de Goethe y el bombo publicitario de Hindenburg, en la contratación de una «estrella» por 200 000 marcos al mes. Sus tipos son Don Juan y Fausto, su concepción y su anhelo del superhombre, el multimillonario. Las masas son la arcilla moldeable para los «favorecidos» (espécimen). La forma proletaria de organización lleva al individuo de vuelta a lo común, a lo social. La personalidad, por grande que sea, no será mimada, no se elevará a alturas lejanas, se extenderá en todas direcciones en lo común, penetrará en las masas con sus brasas ardientes y crecerá junto con ellas.
Como resultado, los consejos revolucionarios son la muerte del burócrata. Surgen y crean en el motor de la producción común y necesaria; elegidos por la confianza de sus iguales, bajo control constante y destituibles en cualquier momento, apoyados únicamente por trabajadores independientes, son el torrente sanguíneo y los nervios de la nueva sociedad, son las funciones mentales, el cerebro que impregna todo el cuerpo. El sistema de consejos revolucionarios es la única forma de obligar a todos los elementos destructivos y furiosos, desatados por la guerra, a trabajar en común y someterlos. La vieja organización solo conoce la fuerza, los generales son sus profetas y el código de ética profesional su catecismo. Pero el desencadenamiento de todas las fuerzas espirituales de las masas explotadas es la muerte del individuo. Así, orientada hacia las masas, tomando como punto de partida el lugar de trabajo, naturalmente no arraigada en la empresa individual, la organización del consejo demostrará ser fundamentalmente diferente de la vieja organización en su forma y métodos. Del principio de lo social se deriva necesariamente la lucha por la publicidad completa, la transferencia de la educación, la educación espiritual, la vida espiritual (es decir, política en el sentido más amplio) a las masas, la abolición del liderazgo profesional, un cambio completo en el proceso electoral (temporal, revocatorio, etc.), la legislación y la administración en manos de los consejos al mismo tiempo, etc.
7.
La revolución alemana solo ahora está empezando a adquirir el carácter de una revolución proletaria y social. Solo ahora la idea del autodesarrollo y la autoorganización proletarios empieza a tomar conciencia, y comienza la comprensión no solo instintiva, sino también intelectual, del proceso de la nueva organización. Por el contrario, lo que salió a la luz en noviembre de 1918 y más tarde en los primeros consejos de trabajadores y soldados y en los llamados congresos soviéticos fue esencialmente falsificación, distracción, desorientación, basada en la ambigüedad, el afecto o la aversión instintivos, dictada por las necesidades no solo de los oponentes capitalistas, sino aún más de los representantes oficiales amenazados y los propagandistas de una teoría socialista que fue prácticamente abofeteada por su práctica.
Ambos percibieron las tremendas fuerzas explosivas que dormían en el desarrollo de los consejos y, desde el primer momento, hicieron todo lo posible por suprimirlos y destruirlos con mentiras y asesinatos. La torpeza y la inercia del pensamiento, la falta de claridad y todos los instintos egoístas mezquinos tuvieron que ser utilizados para desacreditar y calumniar a los consejos nacientes. Además, la mayoría de las masas trabajadoras aún no habían alcanzado el autoconocimiento necesario y el reconocimiento de su posición en el proceso social. Los primeros congresos soviéticos, con sus tristes «líderes» y sus tristes resoluciones, incluida la devastadora: reconocimiento de la Asamblea Nacional, elecciones a la misma, afianzamiento de los consejos, fueron una prueba contundente de la incapacidad del proletariado alemán para comprender su tarea histórica en ese momento. Una incapacidad que, sin embargo, debe atribuirse de manera abrumadora a un «liderazgo» históricamente común de parlamentarios y sindicalistas.
La actual falsificación deliberada de la nueva organización mediante el establecimiento de los llamados comités de empresa estatutarios también forma parte de ese vil sabotaje, de esas maniobras tácticas y astucias diplomáticas. Los consejos estatutarios impuestos, ya sean consejos de padres o consejos de fábrica, ya sean consejos de Schiller o consejos de soldados, tienen tan poco que ver con la idea revolucionaria del consejo como un matrimonio por interés tiene que ver con el amor, el pedante con el artista, la máquina con la célula viva. Los consejos revolucionarios crecen en la lucha. Crecerán, porque solo estamos al comienzo de las grandes luchas. Entonces la teoría se convertirá en violencia, entonces brotarán del suelo abonado como las semillas en primavera por todas partes.
Este proceso no se lleva a cabo en un corto período de tiempo. El objetivo es una sociedad sin clases. La sociedad sin clases será una sociedad socialista. El camino hacia el socialismo, desde el punto de vista económico, es el proceso de transformación de la propiedad privada en propiedad común. Es, en términos espirituales, el proceso de transformación del mundo intelectual capitalista-burgués en socialista, del pensamiento, el sentimiento y la voluntad individuales en sociales, la fusión de la individualidad y la particularidad en la universalidad. Es la disolución completa del ídolo de la propiedad, tanto en términos económicos como espirituales; de la propiedad de las cosas, de la propia vida y de la producción espiritual, la autoeducación y la configuración de la vida. Este proceso está condicionado por las fuerzas del sistema económico capitalista, pero puede ser exigido y acelerado por la comprensión que tiene el proletariado de este proceso, por su influencia consciente, por la actitud consciente de su lucha en esta dirección. En esta lucha, el desarrollo de la autoconciencia de las masas, de la clase proletaria, el desarrollo de los consejos que conducen a una sociedad sin clases, se cristalizará en grados cada vez más altos.
La idea de los consejos se extenderá en círculos cada vez más amplios, ya que el desarrollo de la conciencia de sí mismos de todos aquellos a quienes hay que llamar proletarios, ya sean dependientes de tienda o profesores, artistas o funcionarios, se producirá a un ritmo cada vez más rápido. La nueva organización se presentará con mayor facilidad cuanto más la antigua deje de perturbarla y contaminarla.
8.
La naturaleza y el desarrollo de la nueva organización también proporcionan las líneas básicas para la naturaleza de la Internacional. Se desarrollará y crecerá en armonía con la nueva organización. Se fundará progresivamente en principios y tendrá que basarse en la economía común, esa economía común que, manteniéndose constantemente al ritmo de la revolución mundial, se establecerá una y otra vez según distritos económicos que agoten las últimas posibilidades de satisfacer las necesidades en igual medida. Tendrá que seguir fundándose en la voluntad consciente cada vez más fuerte de la vida social, inseparablemente unida al proceso económico.
El objetivo es: la humanidad como una sociedad sin clases, como una unidad económica, orientada hacia la exigencia del mejor equilibrio posible en todas las direcciones, la mejor creación posible de las condiciones para la vida social. Esto completará la nueva organización. En el camino hacia ella, será el medio necesario por el cual, a partir de la naturaleza y las condiciones de la solidaridad de clase proletaria, se superarán todas las fronteras de cualquier tipo, por el cual —con el desarrollo de los detalles comunistas— la economía común progresista, la división de la producción social, se regulará una y otra vez según puntos de vista económico-geográficos, y se luchará por su igualación y se impondrá. Solo con el crecimiento de ese marco y en ese marco, es decir, en la lucha por la creación de una economía común mundial, las características orgánicas y las riquezas de las razas, de las naciones como comunidades culturales y de los seres humanos individuales llegarán a su verdadero cumplimiento. Naturalmente, en el curso de un desarrollo tan tremendo, se producirá desde el principio una simbiosis ininterrumpida, es decir, una interpenetración ininterrumpida y completa. Del mismo modo que tal proceso no tendrá lugar en la unilateralidad dogmática de ningún teorema.
Muchas cosas tendrán un efecto inhibidor o exigente. Por ejemplo, podemos recordar la regulación del problema demográfico. Y también hay que decir que no es apropiado establecer la unidad y la libertad como objetivo de la lucha de clases internacional y, a continuación, la federación de todas las naciones. El socialismo es el corolario, la antípoda del capitalismo. El capitalismo como sistema, como proceso histórico-económico, tiene su expresión actual en el Estado de clases moderno, pero es un sistema que en su desarrollo trasciende todo lo que se ha dado y se ha convertido, todo lo que él mismo ha co-creado, y que necesariamente progresa de manera supranacional, supranacional, suprarracial. No se detiene en la creación de unidades económicas nacionales, solo las utiliza para expandirse más rápido o más lento, violentamente o regateando, pero absolutamente para ir más allá de ellas hacia la destrucción de la competencia en el mercado mundial, hacia la supuesta colonización, etc., posiblemente hacia la unificación en trusts mundiales de naturaleza política o económica, etc. Si el socialismo surge de tal proceso del capitalismo, entonces su orientación económica, así como su ideología, su principio regulador, estará y deberá estar igualmente orientado supranacionalmente, naturalmente orientado anticapitalista hacia el hecho y la exigencia de la lucha de clases anticapitalista y la solidaridad de clases anticapitalista. Aunque, por supuesto, los proletarios de cada país deben luchar primero desde su propio territorio. Además, lo que cuenta como nación no es algo uniforme, sino en su mayor parte una comunidad lingüística impuesta con la más fuerte cooperación del capitalismo.
Sin embargo, solo existe una necesidad interna para el desarrollo ulterior de tal unidad impuesta si esta surge de factores subyacentes, como factores biológicos o raciales. Orientar al proletariado hacia el concepto de nación, haciendo de la nación como un supuesto todo nacional la base, el punto de apoyo de la Internacional, significaría en última instancia: un renovado enfoque en el individuo, en el egoísmo, en la empresa privada, solo que con una potencia mayor, en la forma colectiva de la nación. También significaría sabotaje, romper el desarrollo de los soviets, la nueva organización.
Sin embargo, el camino del socialismo solo puede ir en la dirección mencionada anteriormente, hacia una economía completamente comunal y formas de expresión completamente sociales. Y en este desarrollo, se formará inicialmente una tercera internacional con un comité ejecutivo como instrumento de lucha. Por su parte, no debe establecerse en el espíritu de la antigua organización, en el espíritu de los antiguos partidos, por lo que el método no cambia en nada con respecto al del capitalismo, sino que, como mucho, se utiliza como objeto algo más: el proletariado. Confinada por las mismas condiciones que el partido en general, debe ser consciente de que lo esencial es construir en el espíritu de la nueva organización. La verdadera Internacional no se construirá con la dictadura de unos pocos héroes, con líderes de partido armados con látigos. Eso solo es un obstáculo. Más importante, por ejemplo, es la creación de vínculos y relaciones entre los consejos reales de los países, etc. Esta es la única manera de superar el peligro de que, aunque solo sea por un tiempo, una supuesta sociedad anónima socialista de Genghis Khan sustituya a un gremio capitalista, lo que significaría cosas incomparablemente peores para la explotación física y psicológica del proletariado de lo que jamás podría ocurrir bajo el capitalismo. No se trata del establecimiento de un dominio mundial centralizado para megalómanos, sino de la federación económica y espiritual, el comunismo, que está surgiendo y es deseado desde abajo.
9.
Las secciones anteriores han intentado explicar la naturaleza más íntima y profunda de la nueva organización, han abordado el problema teóricamente con una actitud consciente, ya que se presenta como un marco firme y una línea clara, libre de toda apariencia (?). Las exigencias de la práctica actual se tratarán en detalle en una segunda obra. Pero, dada la impetuosidad de las opiniones, cabe destacar aquí algunos puntos importantes de carácter fundamental. Y estos puntos tan importantes pueden ilustrarse con mayor claridad en este momento mediante la relación entre el partido y los consejos.
El desarrollo de los consejos como forma de expresión proletaria y, además, como mundo social, es un proceso que abarca varias generaciones. A lo largo de este proceso, se llega necesariamente a la conquista del poder político, y la posesión del poder político se convierte naturalmente en la palanca más poderosa para un mayor desarrollo.
Es evidente y se desprende de la práctica que los consejos reales surgen desde abajo, crecen y se abren paso gradualmente hasta asumir un alcance cada vez mayor. No es lo más importante que las elecciones se celebren por orden y que se cree una forma externa, la asamblea general de consejos en un distrito, el congreso de consejos en Alemania, aunque, por supuesto, la disrupción y el sabotaje de la antigua organización por sí solos no carecen de efecto; lo que importa es que la unidad de la forma proletaria y el contenido proletario surja de las masas, desde abajo; que exista la plena conciencia de la nueva organización. La realización progresiva y la voluntad consciente de la nueva organización son el criterio para medir el desarrollo de la revolución social. Por esta razón, los movimientos más significativos dentro del proletariado son aquellos que, a partir de esta realización, forjan la idea de los soviets como eje de su lucha y le dan una verdadera expresión práctica. Ahí radica la justificación y la necesidad de las organizaciones fabriles que se están expandiendo hacia la Unión General de Trabajadores. Ahí radica su futuro. Son, literalmente, las únicas estructuras que hoy en día dan forma a la vida social positiva. En comparación con este gran movimiento, el partido es un fenómeno temporal de menor importancia. Sin duda, sigue siendo una necesidad. Incluso la comprensión externa de que la nueva organización se encuentra solo en los inicios de su desarrollo, que mil proletarios lúcidos, dispersos, solo pueden representarla al principio de forma propagandística, que el estudio de todas las condiciones, todos los acontecimientos, la formación de aquellos que aún no están completamente claros debe llevarse a cabo sin interrupción, y muchas otras cosas deben conducir a esta comprensión.
Pero, por supuesto, el partido en el sentido antiguo es desacreditado y debe desaparecer. Solo es necesario aquel partido proletario para el cual la idea de los soviets es el núcleo de todo su programa. La intensidad, el poder con el que se enfrenta a las formaciones independientes proletarias emergentes (como las organizaciones de trabajadores), el deseo y la fuerza con los que proporciona asistencia para el nacimiento y la educación en tales formaciones, es la medida de su valor.
Es en sí misma una generación antigua, es como los padres que lo dan todo por sus hijos, que ponen todo su empeño en ellos y que son muy conscientes, aunque con cierta melancolía, de que serán superados, de que envejecerán donde sus hijos envejecerán. El partido, en su forma actual, no es más que un mal necesario.
No debe olvidar nunca que solo es un medio para alcanzar un fin; que el desarrollo de los consejos es su principal preocupación, pero no un asunto puramente partidista. Participará enérgicamente en todos los congresos de los consejos, pero no por el bien de los intereses del partido, sino por el bien de los consejos, con el fin de convertirlos en lo que deben ser: órganos independientes y no instrumentos envenenados del partido.
Ha surgido una controversia sobre si la forma organizativa externa de los consejos debe ser centralista o federalista. Esta controversia es una controversia sobre palabras. Ambas palabras, cargadas de contenido del pasado, pierden su significado ante lo nuevo. Los consejos, inicialmente de naturaleza puramente proletaria, pierden este carácter cuanto más se acercan a una sociedad sin clases y se convierten en una expresión de la totalidad socioeconómica y vital. Este proceso se desarrolla de abajo hacia arriba, extendiéndose como círculos en el agua, pero —en correspondencia con el crecimiento en los diferentes países— como muchos círculos desde diferentes lugares que se encuentran entre sí. Así, la práctica demuestra que el centralismo en el sentido antiguo está fuera de lugar si los consejos se desarrollan de forma saludable y que, por otra parte, el federalismo tiene sentido si se entiende como tal: un camino libre para el desarrollo de la nueva organización, tal y como se desea desde abajo, pero que carece de sentido si se interpreta como una complacencia estrecha de miras y un aislamiento de las empresas individuales o los distritos individuales, completamente por su cuenta. Esa sería una fase que respira el espíritu centralista más antiguo; en lugar de una monarquía, hay muchos principados que parasitan.
En el período de transición, especialmente hasta la conquista del poder político, los consejos de fábrica y los consejos obreros —por mucho que deban prepararse para sus tareas, por muy seguro que sea que sus tareas serán diferentes durante mucho tiempo (aunque no sea de forma permanente)— tendrán que luchar en una especie de unión, alianza o similar, si es posible.
Por razones extraordinarias y también para evitar que los partidos políticos se destrocen entre sí si ese período se prolonga durante mucho tiempo. Hasta ahora, la práctica ha demostrado a menudo que lo más saludable es que el presidente del consejo de fábrica sea también el del consejo de trabajadores.
A continuación se enumeran algunos de los estatutos decisivos para la organización de la AAU:
2. El Sindicato General de Trabajadores (AAU) está estructurado según el sistema de consejos. Las organizaciones de fábrica constituyen la base. Las organizaciones de fábrica se unen para formar grupos locales y áreas económicas. El conjunto de los grupos locales y las áreas económicas forman la Unión General de Trabajadores.
3. En todas las fábricas, los trabajadores eligen a sus delegados (2).
4. Entre los delegados, los miembros eligen un presidente, un secretario, un tesorero y sus suplentes. Estos forman el consejo de la organización local.
5. Cada grupo local delega a un compañero en el Consejo de Acción, que constituye el órgano ejecutivo del distrito económico.
6. Cada distrito económico delega a un compañero en el Consejo Económico del Reich, que constituye el órgano ejecutivo del Reich.
7. Todos los funcionarios pueden ser destituidos en cualquier momento.
10. De la naturaleza de la nueva organización, desde su antagonismo absoluto con el mundo capitalista-burgués hasta su modo de economía e ideología, surge la imperiosa necesidad de que entre las tareas de un partido proletario, y más aún de los propios consejos, se encuentre la de erigirse desde el principio en defensores de una cosmovisión proletaria-revolucionaria. Todo lo que pertenece a este culto proletario, sobre todo (tal y como lo entiende Rusia), no es un lujo para el que no hay tiempo en este momento, sino que es precisamente el factor decisivo para la aceleración de la revolución social en un momento en el que se dan las condiciones económicas para la revuelta. El problema de la revolución alemana es el problema del desarrollo de la autoconciencia del proletariado alemán. La lucha por el poder, la conquista del poder, es parte de ello. Por eso hay que concentrar todas las fuerzas en esta tarea.
Panfleto del KAPD, 1920, escrito por Karl Schröder
(1) [N del T]: Aquí “gremio” se traduce del inglés de syndicate. Que también puede tener significados parecidos a la mafia, al cartel, en general aquello relacionado con la organización criminal, en este caso hemos usado gremio puesto que creemos que implica también un grado de ilegalidad y porqué refleja mejor la idea de un syndicate mundial.
(2) [N de T]: Aquí delegados nos referimos a algo parecido a los Revolutionäre Obleute, delegados de los consejos de fábrica elegidos por los trabajadores