Nota del CICA: Este texto está basado en la traducción del original alemán publicada por la editorial Zero-ZYX en 1978, e incluido en la compilación «Anton Pannekoek. Una nueva forma de marxismo» (Neubestimmung des marxismus, 1974). Se han realizado correcciones menores donde se creyó conveniente por razones de estilo e inteligibilidad. No obstante, si bien podemos asegurar la congruencia de nuestras modificaciones, no podemos garantizar en absoluto la coherencia de la traducción publicada por Zero-ZYX con el original respecto a muchos matices que pueden ser importantes para un estudio pormenorizado.
Desearía hacer algunas apreciaciones y complementaciones a las declaraciones del compañero Kondor sobre «¿Organización burguesa o socialdemócrata?», aparecidas en el número 7 de Funke, de diciembre de 1951.
En primer lugar, tiene toda la razón allí donde critica el papel actual de los sindicatos (y partidos). Con los cambios de la estructura económica, ha de cambiar también la función de las diversas instituciones sociales. Los sindicatos fueron y son imprescindibles como órgano de lucha de la clase obrera dentro del capitalismo. Bajo el capitalismo monopolista, han llegado a ser una parte del aparato burocrático dirigente, que ha anucleado a toda la clase obrera dentro de su seno. En su calidad de organizaciones construidas y mantenidas por los trabajadores mismos, son mejores que cualquier aparato forzoso para hacer de la clase obrera, a ser posible sin fricción, un miembro de la estructura social. En el actual periodo de transición, este nuevo carácter suyo emerge cada vez con más fuerza. Esto muestra que sería un esfuerzo infructuoso volver a las viejas formas organizativas. Por eso, los trabajadores han de encontrar una mayor libertad en la elección de sus formas de lucha contra el capitalismo.
El desarrollo del capitalismo de Estado —propagado en Europa de muy diversas maneras bajo el nombre de socialismo— no significa la liberación de la clase obrera, sino un mayor descontento. Lo que busca la clase obrera en su lucha (libertad y seguridad, dominio de su propia vida) sólo es posible gracias a la apropiación de los medios de producción. El socialismo de Estado no es ya el poder de los trabajadores, sino en su lugar el órgano estatal el que dispone de los medios de producción. Aunque democráticamente, esto sólo significaría que los trabajadores pueden elegir a sus amos. Frente a esto, el poder de disponer directamente de los medios de producción por parte de los trabajadores significa que ellos mismos dirigen los servicios, y de abajo arriba construyen las organizaciones centrales. Esto es lo que se caracteriza como sistema de consejos obreros. Kondor tiene, pues, toda la razón, cuando les caracteriza como el nuevo y futuro principio de organización de la clase trabajadora. Se oponen, en su calidad de autogestión organizada de las masas productoras, frontalmente a la organización desde arriba del socialismo de Estado.
Llegados aquí, tenemos que tener en claro lo siguiente: «Consejo obrero» no significa una forma determinada de organización cuidadosamente pre-trazada, que habría que describir con absoluto detalle; significa, por el contrario, un principio: el principio del poder de los trabajadores para disponer ellos mismos de las industrias y de la producción. Su efectivación no es un asunto de discusión teórica acerca de la mejor realización práctica, sino que es el asunto de la lucha práctica contra el aparato de poder del capitalismo.
Los consejos obreros no significan hoy día un encuentro fraternal con el trabajo corporativo; significan lucha de clases —la fraternidad encuentra su expresión dentro de esta lucha de clases—; significan acción revolucionaria de las masas contra el poder del Estado. Las revoluciones no se planean, surgen espontáneamente imparables a partir de las relaciones y los comportamientos, a partir de las situaciones de crisis. Surgen solamente cuando en las masas alienta el sentimiento de que nada las puede parar y cuando, a la vez, existe una cierta unanimidad de conciencia en torno a lo que hay que hacer. Aquí radica la tarea de la propaganda, de la discusión abierta. Y estas acciones solamente pueden alcanzar un éxito permanente cuando en las amplias masas de los trabajadores existe la inteligencia del carácter y la meta de su lucha. En esto consiste la necesidad de tomar por tema de discusión a los consejos obreros.
Así, la idea de los consejos obreros no se presenta como un programa para la realización práctica, mañana o dentro de un par de años, sino como una línea recta en la larga y difícil lucha de liberación en que todavía se encuentra metida la clase obrera. Ciertamente, Marx escribió una vez: la hora del capitalismo ha llegado. Pero tampoco ha dejado ninguna duda en el sentido de que esa hora significa toda una época histórica.
Anton Pannekoek
Funken, año III, n.º 1, junio de 1952, pp. 15-15
Traducido del alemán por Carlos Díaz para el volumen Una nueva forma de marxismo, publicado por la editorial Zero-ZYX en 1978
Pequeñas correcciones a cargo del Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques