Un obrero entre intellecutales 

Prefacio 



Esta entrevista, un transcrito reciente de un documental italiano, es verdaderamente exclusiva. Lectores nuevos y expertos iguales deben disfrutar los detalles ricos y sucintas de la vida de Paul Mattick, desde la fuente directamente. En un esfuerzo por mantenerse fiel a la obra original, se ha realizado un número muy pequeño de ediciones para mejorar la experiencia de lectura.




Un obrero entre intelectuales



Entrevistador:

Cuando ocurrió esta entrevista, Paul Mattick vivió al pie de la montaña Stratton en Vermont, la región (quizás significó el estado) en el noreste de los EEUU cerca de la frontera canadiense. Tenía 74 años, no fue fatigado para nada, y estaba escribiendo otro libro sobre las teorías económicas más recientes. 


Nació en 1904 en Berlín, Paul Mattick murió el 7 de febrero de 1981 en los EEUU, donde vivía desde 1926. Fue unos de los más importantes economistas modernos de la tradición marxista. Vivía en Cambridge, un pueblo universitario próximo de Boston, pero pasaba muchos meses  del año aquí en Vermont rodeado por la naturaleza, lejos de la polución. Mattick era una persona interesante, difícil de definir. Sabido por un grupito de especialistas, en 1968 fue descubierto por el movimiento estudiantil. Marcuse era el filósofo; él era el economista. Con él, regresó (un nuevo) socialismo libertario, un comunismo crítico y anti autoritario. Uno que no fue aprisionado en los libros y obras, pero uno que venía de experiencias vividas especialmente. 


Paul Mattick siempre se negó a dar entrevistas biográficas. “Esta es la primera y última vez”, dijo él. No le gustó la publicidad. Escribía libros, ofrecía conferencias, pero siempre permanecía el joven rebelde que participó en la revolución alemana de 1918-1919 y el movimiento desempleado que ocurrió en los EEUU en los tempranos años de 1930. 


Enseñado en universidades, participando en debates y conferencias internacionales, llegando en las páginas de revistas como “unos de los maestros quien inspiraba el movimiento estudiantil” …todo esto no le cambió para nada. Quedaba fiel por su  intransigente vida aventurera de un obrero rebelde. 




Rebelión y revolución 



Paul Mattick:

Crecí en una familia donde mi padre, aunque en una manera superficial, fue orientado hacia ideales socialistas y era parte del sindicato. Durante la infancia mía, tuve la oportunidad de escuchar muchas conversaciones sobre muchos tipos diferentes de movimientos obreros: los uniones libres, coaliciones, el partido socialista, cooperativos, pero todos de estos no me causaron una impresión. 


Tenía yo la primera experiencia con el movimiento revolucionario durante una revolución vía estrecha (1). Un día en 1916, mi madre vino y me dijo “¡Niño, una revolución empezó!” Tomamos el Berliner Straße (2) a Charlottenburg, el barrio donde vivíamos, y fue una gran multitud que fue atacada por la policía montada, pero la multitud fue tan grande que la policía desapareció literalmente en la masa. En esos tiempos, las mujeres se peinaban el pelo con horquillas muy largas… vi una mujer que fue empujada contra una casa; ella sacó su horquilla y arponeó la espalda de caballo. El caballo voló y otra mujer, los manifestantes fueron mujeres principalmente, se retiró el policía de la montura y empezó a patearlo. Fue la primera manifestación revolucionaria a la que yo podía asistir. Todas las tiendas, aquellas sin persianas, fueron atacadas y las mercancías fueron redistribuidas. En un punto, el grupo más grande de policía llegó y empezó a tirar, que forzó la masa para retirar. Esta manifestación ocurrió como parte de una huelga que pasó en las fábricas en Berlín. Se llamó la huelga para negociar paras comida mejor y para protestar las tarjetas de raciones. Esto fue una consecuencia directa de un discurso hecho por Karl Liebknecht en la Postdamer Platz, pero desórdenes como estos eran muy frecuentes. Podría sentir en el aire que las masas fueron moviéndose hacia formas de oposición revolucionarias, y fue evidente en sus acciones. 


Este primer ejemplo de actividad revolucionaria me quedó impresionantemente en la mente. Para mi fue una experiencia extremadamente emocionante. Cuando tenía 14 años, terminé los estudios, con la permisión de mi padre, junté la “Socialista Juventud Libre”, que tenía, en Charlottenburg, 200 participantes. Acá me formé políticamente, en vísperas de la revolución. 


Durante la revolución de noviembre, trabajé como practicante en SIMES (3), donde fui contratado en marzo de 1918. La huelga, que fue proclamada a SIMES y otras fábricas también después de la revolución alemana de noviembre y el nacimiento de la república, fue la ocasión para (la creación de) muchas asambleas llenas en las fábricas. Como yo era socialista y fui considerado como portavoz de los practicantes, fui elegido al consejo fábrica. Tenía la oportunidad de comunicarme con los consejos de otras fábricas, y cuando nuestra planta cerró, caminábamos alrededor de las calles. Naturalmente, las calles estaban llenas de entusiasmo… la gente caminó frenéticamente. Si te encontrabas con oficiales, que no portaban armas les desgarraría las cintas de sus uniformes y aveces los golpearía


Alrededor de las puertas de Brandenburgo, habían algunos choques. Grupos de soldados reaccionarios que no querían participar en la revolución, alineaban contra los obreros, que mientras tanto se armaron para ir a las barracas y fraternizar con soldados. Camiones llenos de gente viajaban alrededor de las calles tanto de día como de noche. Banderas rojas ondeaban, y alguien disparó contra el techo donde los francotiradores se cubrieron . Nosotros los jóvenes queríamos participar en estos eventos entonces un día, en medio de la noche, me subí en un camión. Un espartaquista, cuando vio lo joven que era, me preguntó “¿Sabes cómo funciona una pistola?” y respondí naturalmente, “¡Por supuesto yo sé!” Entonces, dijo “¿Dónde está el cierre de seguridad?” No tenía ni idea donde estaba y por eso se me empujó mientras el camión se movía a alta velocidad. 


En el mismo periodo, vi a Rosa Luxemburg por primera y última vez. Habló a la multitud de una balaustrada del Reichstag. Después también vi Karl Leibknecht en un parque donde había una masa sin fin reunida. Fue en enero de 1919. Había obreros y soldados armados. Eran los días donde los “enfrentamientos de enero” (los levantamientos de enero) ocurrían, que propulsaban las eliminaciones físicas de los militantes espartaquistas. Todos nosotros vivíamos en las calles e intentábamos ser útiles para el movimiento revolucionario en cualquiera manera posible, a pesar de nuestras limitaciones. Pero, a nosotros jóvenes, se les da cubos de cola y fregonas con la tarea de poner pósteres durante la noche. 


El movimiento revolucionario terminó cuando aquellos que lucharon en las primeras líneas (las líneas de combate) fueron derrotados. La mayoría de ellos en Berlín venían de nuestro grupo de Charlottenburg. Entre ellos había un miembro del parlamento que después fue asesinada por los guardias blancos. La fase revolucionaria terminó con la derrota militar del movimiento espartaquista. La Liga Espartaquista era un relativamente pequeño grupo de revolucionarios, y el terror blanco los arrasó. Los reaccionarios y fascistas literalmente empezaron una persecución de casa en casa, matando todos que fueron encontrados en posesión de ciertos libros y publicaciones. Durante las peleas, pero aún más después, solo en Berlín, los guardias blancos mataron a más de 2000 personas. A ese punto, la huelga acabó de la misma manera que cualquier otra huelga, y el humor de la gente se movió contra los espartaquistas. La mayoría de los obreros, especialmente los obreros demócratas sociales, pensaban “Hicimos la revolución, y ahora los espartaquistas la están arruinando. Los espartaquistas quieren lograr algo inmediatamente como el bolchevismo en lugar de usar nuestras conquistas y empezar un proceso gradual. Solo crean desorden en un momento donde la más severa disciplina sería lo más necesario. Hablamos sobre elementos indisciplinados que traerán el fin de la revolución”, eso es lo que pensaban. La verdad es que fueron los guardias blancos los que destruyeron. Y así, siguiendo las directrices del sindicato, los obreros regresaron a las fábricas y la huelga terminó. Solo en las asambleas que siguieron, la derrota fue reconocida. Pero en ese momento, no había nada para hacer. Berlín fue ocupada por el ejército y la misma situación pasó en otras ciudades alemanas también. 


Entrevistador:

Paul Mattick era un fabricante de herramientas. Siempre perteneció a la ala más radical del movimiento obrero, nunca hizo un mito de los obreros. ¿Cómo pudo? Los intelectuales eran aquellos que pintaron la imagen de una clase obrera compacta y revolucionaria. Mattick, en cambio, era un realista. Vio como la clase obrera, al inicio de la Primera Guerra Mundial, fue víctima de la histeria nacionalista y marchó cantando hacia la guerra a pesar de los principios pacifistas siempre proclamados. 


Paul Mattick: 

Al principio de la Primera Guerra Mundial, toda la población de Alemania fue entusiasta sobre la guerra. En 1914, los líderes del movimiento obrero, que en parte no reflejaban el entusiasmo de la masa, aceptaban este estado de cosas para no involucrar a los adherentes del movimiento de obreros, los partidos y los sindicatos. La clase obrera fue integrada en el sistema, tanto ideológicamente como en el frente organizativo. Naturalmente, nadie esperaba la manera en que todo acabaría y solo un año después del comienzo de la guerra, aún el entusiasmo se lavó en cada país beligerante, quedando miseria, sufrimiento, y descontento cada vez más visible. 


Entrevistador:

Después de la revolución rusa de 1917, al fin de la guerra, los alemanes intentaron (la revolución) también. Pero después de la proclamación de la república y el fallo del movimiento espartaquista insurrecto de enero de 1919, la ola revolucionaria se desvaneció enormemente en Alemania. Paul Mattick, un espartaquista jóven, aceptó la fundación de un partido comunista alemán, pero desde el comienzo se le encontró en oposición. El grupo que fue apartado, uno que más allá se separó del partido, criticó con amargura la URSS y su esfuerzo para controlar los partidos comunistas occidentales. Las críticas fueron directas en contra de la democracia social, mientras tanto ganó el papel del partido gobernante. El movimiento obrero alemán se dividió entonces en grupos y sectas pequeñas que tenían opiniones divergentes sobre el significado de socialismo y las herramientas para alcanzarlo. Sin embargo, está en duda que la mayoría de los obreros alemanes no eran apasionados para rescatar las pocas cosas que tenían en el nombre de una futura socialista incierta. 


Paul Mattick:

Los obreros revolucionarios no eran aparte de una casta cierta, una categoría específica… era más como una unión de más elementos de la clase obrera. Adentro, había algunos pequeños burgueses. En nuestro grupo, por ejemplo, había un par de intelectuales, estudiantes. La mayoría eran practicantes como yo u obreros diarios. Porque el movimiento de jóvenes tenía estrechos vínculos con la Liga Espartaquista, hacían muchas reuniones conjuntas y tenía yo la oportunidad para conocer algunos miembros del partido. En su mayor parte, eran obreros, cada tipo de trabajo fue representado en el partido y no se puede decir que había una categoría específica de obreros más revolucionaria que los otros. La característica principal de la Liga Espartaquista era que la mayoría de los miembros eran obreros de fábricas, mientras el grupo de intelectuales era muy pequeño e irrelevante comparativo a la masa obrera. Esta es la razón por la que el movimiento espartaquista, desde su creación, se dio a sí mismo un programa anti-parlamento y anti-sindicato. De hecho, los obreros eran más de la izquierda que los intelectuales como Rosa Luxemburg y Paul Levi. El último no querían esforzar la situación. Estaban diciendo: “Esperemos, y veamos qué pasa”. Además, pensaban que la revolución habría avanzado de todos modos, y se engañaron a sí mismos para pensar que Rusia habría intervenido por el lado de la revolución alemana. 


Entrevistador: 

La Rusia de Lenin y Trotsky no podía y no quería intervenir. Y aun en 1923, cuando la crisis económica empeoró tanto que muchos pensaban que un sentimiento revolucionario vendría, el movimiento de obreros, todavía separado, no podía cambiar las relaciones de poder en la república nueva en Alemania. 


Paul Mattick fue influenciado enormemente por los acontecimientos de 1923, por la crisis económica y social y su pérdida de potencial revolucionario. Saliendo de Berlín en 1921, Mattick se mudó a Hannover, luego a Bremen, y eventualmente a Cologne. Vivía día a día, como muchos otros obreros jóvenes. Participó en las acciones políticas, en las huelgas, y en las demostraciones organizadas por los grupos del rama más radical de la izquierda, pero estos grupos fueron cada vez más marginalizados. 


Paul Mattick no vivía a través del declive de la izquierda revolucionaria europea. En 1926 el deseo para ver el mundo y un boleto donado por un familiar distante, se traje para salir a América. 




¡Hacia América! ¡Hacia aventura!



Paul Mattick:

Ya en el barco que me trajo a los EEUU en 1926, entendí que la inmigración era algo como pillaje perpetrado por todo el mundo en detrimento de los obreros. En el barco, la tripulación entera: los médicos, los acompañamientos, las anfitrionas, etcétera… cada uno de ellos intentaba aliviar a los inmigrantes del dinero que tenían. Por ejemplo, el médico podía decir al paciente “Con esa herida, con esa enfermedad, no podría llegar a los Estados Unidos, pero puedo darle una pomada especial por solo 20 o 50 dólares, y con esa,  sus problemas y su enfermedad serán curadas”. En el barco, hubo incluso una rebelión. Un camarero que rechazó a verter café por no recibir propina, fue batido con su propia cafetera. Aquellos que rebelaron fueron detenidos; trabajamos duro para organizarnos y luchar contra los abusos. Me organicé con los pasajeros para confrontar la opresión de aquellos que reinaba a bordo. 


De regreso a Nueva York, en Ellis Island, los autoridades fueron alertadas que a bordo nada salió como se había planeado. Después, descubrí que la manera en que fuimos recibidos en la isla Ellis en absoluto no era especial. Era parte del tratamiento normal reservado para inmigrantes. Primero, los hombres fueron separados de las mujeres y forzados a desnudarse completamente en algunas cámaras enormes. Las salas eran muy frías y húmedas. Teníamos que mantenernos a pie, desnudos, esperando por el médico para examinar a cada uno de nosotros, uno a uno. Si el examen es satisfactorio, el médico decía “¡Vaya a la derecha!” si no fue satisfactorio, decía “¡Vaya a la izquierda!” De esa manera, se formaron dos líneas: para aquellos en la derecha, quienes aparentemente tenían buenas condiciones médicas, se les dieron visa de entrada. Por lo que a mí respecta, me encontraron una fractura que yo no tenía y me ordenaron ponerme en fila de la izquierda, algo que hice al principio, pero más tarde me escabullí a la línea de la derecha en un momento cuando nadie prestaba atención. Después de eso nos llamaron todos al frente de una encimera para responder a preguntas capciosas. Primero, se te preguntaba cuánto dinero tienes y si tienes la oportunidad para recibir transferencia de dinero. En el caso de una respuesta negativa, se te preguntaba si sabías cómo leer y escribir y se te hacían algunas preguntas para evaluar la inteligencia. Por ejemplo, se le preguntó a un campesino ruso que estaba parado cerca de mí “¿Por qué los gatos tienen 5 piernas?” El hombre estaba confundido completamente, no supo si un animal de esa descripción existía No pudo responder a esa pregunta, y se le declaró “discapacitado intelectualmente”. Debía responder “¡El gato solo tiene 4 piernas!” pero no podía imaginar que la pregunta fue tan ridícula. Es muy probable que ese tratamiento no fue muy diferente de lo que usó en los campos de concentración alemanes durante la primera fase. La primera impresión de los Estados Unidos fue de un país que trató a las personas de una manera extremadamente cruel. Se consideró a los inmigrantes como bestias y ya que muchos no podían hablar inglés, les hicieron ponerse vestimenta con números grandes hasta llegar.. La Isla Ellis probablemente fue unos de los mayores crímenes americanos contra humanidad. Si las condiciones que vi en 1926 permanecieran, Isla Ellis sería una mancha vergonzosa en la historia de los EEUU.


Después de venir a América en 1926, me encontré en una situación donde la prosperidad creciente creó las condiciones para la loca especulación bursátil. Aún los obreros, como capitalistas, con medios menores, se dedicaron a la especulación por sí mismos. En las fábricas, como aquellas donde trabajé, la primera cosa que los obreros comprobaron era la situación de los porcentajes bursátiles para comprobar si los bursátiles ganaron o perdieron valor, y naturalmente los bursátiles ganaron valor, estamos hablando de capital artificial. Y en esa subida frenética de acciones, las semillas de la crisis que explotó en un periodo de tiempo corto fueron establecidas. Pero los obreros estaban tan integrados en el sistema, que las masas, salvo los obreros organizados que eran una minoría pequeña, no tenían ningún tipo de interés ideológico. Solo encontraron interés en deportes, tiempo de ocio y en el mercado bursátil. Me quedé sin palabras cuando observé que era la única persona en una fábrica con 500 obreros para informarme en 1927 sobre lo que pasó a Sacco y Vanzetti (5) y para preguntar lo que teníamos que hacer. Ni uno de los 500 obreros supo quién fueron Sacco y Vanzetti. Por ejemplo, el movimiento en Boston que hizo todo que pudiera para salvar Sacco y Vanzetti de la muerte capital, no fue apoyado por ningún movimiento de obreros, pero solo por la burguesía liberal y algunos intelectuales que fueron apasionados a esa iniciativa por aspectos humanitarios y morales. Los obreros ni siquiera sabían los nombres de Sacco y Vanzetti. 


Es interesante ver cuán pronto, después de la crisis en 1929 y ya en 1930, tanto los obreros como los desempleados tenían una actitud completamente diferente. Sin influencia en el plano ideológico y en una situación donde la vieja ideología optimista ya no funcionaba comparativa a realidad, los obreros comenzaron a hacerse preguntas diferentes. 


Podemos decir que la ideología no es importante. Ideología tiene la capacidad de ser efectiva solamente cuando se comunica con una realidad que no lo sea contradictoria. Cuando el contraste entre ideología y realidad crece más profundo, los obreros no actúan según su ideología, aunque todavía crean en ello o no lo dejen de lado; pero  se apartan y actúan según las necesidades del momento. Empezando por sus necesidades y la guerra de clases nacida de sus necesidades, crean una ideología creada por sus necesidades. Eso significa que el primer empuje no es ideológico, es las necesidades prácticas, las necesidades actuales que determinan la ideología. Eso es una realidad muy importante porque nos permite vencer el pesimismo. Por experiencia sabemos que esa clase obrera tonta y entumecida no tiene que quedar así y que, en un periodo corto, la situación puede cambiar. La clase obrera, aunque no piensa en una manera ortodoxa, puede desarrollar consciencia de clase a pesar de las dominantes ideologías burguesas.

Dentro del movimiento de los desempleados


Paul Mattick:

La crisis económica de 1929 se propagó con gran velocidad, y solo un año después, en 1930, ya había 16 millones (de personas) desempleadas. Además, no había nada que podría haber mitigado las condiciones de estos desempleados. No había ninguna forma de beneficencia social, excepto por fondos de asistencias de cada ciudad, que se agotaron muy pronto. También había un fondo de asistencia nacional, pero no duró mucho tiempo. Esto obligó al gobierno a involucrarse con el desempleo, y a tomar medidas para el manejo rápido de la situación. Ya que no había un movimiento real de sindicato con influencia en las masas de trabajadores, los desempleados tuvieron que organizarse. Los centros caritativos de cada ciudad fueron los únicos lugares donde los desempleados podían ir a buscar asistencia. Estos centros se convirtieron en lugares propicios para convocar a los trabajadores, a protestar sobre los bajos subsidios y las condiciones de vida miserables. De esta manera, como en las fábricas, cerca de los centros de cada distrito, se formaron grupos de acción, como grupos de asistencia para ayuda no planificada.


Si una persona era desalojada porque no podía pagar su renta, y sus muebles eran tirados en la calle, estos grupos intervenían ayudando a la persona a recuperar los muebles de su casa, forzando a las autoridades a revocar la orden de evicción. Estos grupos espontáneos llegaron al punto de ocupar las tiendas que habían cerradas como lugares para reunirse. Sus premisas estaban equipadas, por ejemplo, con asientos de teatros viejos, o con cocinas públicas, que fueron utilizadas para alimentar a los necesitados. 


Durante el invierno de 1930, la situación fue tan trágica que, en Chicago, por lo menos 200 a 300 personas murieron debajo de puentes a causa de las temperaturas bajo cero. No tenían nada para cubrirse, excepto por unos periódicos y el frío fue tal, que murieron congelados cuando estaban durmiendo. Los camiones de la mañana pasaban para recoger los cuerpos para enterrarlos. Todo esto ocurrió en pleno día, y la gente estaba consciente de esto, una situación prerrevolucionaria se dió lugar.


Por ejemplo, en Chicago y en Nueva York, fue posible traer a las calles un millón de personas en solo 24 horas, sólo distribuyendo panfletos. La policía no sabía cómo controlarlo, las fuerzas del orden tuvieron completamente sitiadas a las masas, estuvieron tan rodeadas que ni podían sacar sus armas. Había caos total en las calles, los tranvías fueron sacados de sus rieles. Había barricadas por todo lado y una acción revolucionaria, sin ninguna ideología, se comenzó a desarrollar. Sin embargo, en estas circunstancias, el movimiento no tenía otra oportunidad, pero de obligar al gobierno a adoptar medidas para disminuir el desempleo.


Nosotros, quienes éramos activos dentro del movimiento, entendimos que la situación era revolucionaria, pero no creímos que podría resultar en una revolución. A pesar de la crisis, el capital todavía era muy poderoso y organizado, solo pudimos, a corto plazo, obligar a la burguesía a adoptar una política de fondos/gastos públicos para otorgar asistencia y bajar el desempleo. La burguesía, sin embargo, tiene una percepción de la realidad que es completamente diferente. Las más pequeñas protestas y conmociones callejeras fueron consideradas el principio de la revolución. Mientras los trabajadores ni pensaban acerca de la revolución, los burgueses pensaban en la lucha de clases, para defender sus intereses. Estaban asustados y tenían miedo de que su sistema sea derrocado, de darse a sí mismos la razón, la ocasión, del crecimiento de la acción revolucionaria.


Todo lo que pasó en los Estados Unidos siguiendo la crisis de 1929, es el mejor ejemplo.  Con el crecimiento intenso de las demostraciones de las masas, y demostraciones casi cada día, apareció la policía y la guardia nacional con bicicletas, con vehículos blindados, armados con rifles. Dispararon directamente a la gente para dispersarse, matando a diez personas e hiriendo a muchos más. El temor de la burguesía hizo que el conflicto sea más sangriento, y este miedo, unido con el empeoramiento del conflicto, trajo la caída del gobierno.


En los Estados Unidos, donde la opinión popular considera la política como un esfuerzo de construir, cuando una administración no tiene la capacidad de mejorar una situación, se considera que lo que viene después será mejor. Estas, por lo menos, son las expectativas al principio, y es por esto que el poder ejecutivo pasa de manos de los republicanos a las manos de los demócratas y viceversa, siguiendo la corriente de la crisis y los prospectos del país.


Entrevistador:

Por ejemplo, al inicio de los 30s, cuando Roosevelt fue elegido presidente de los Estados Unidos, todos miraban a esa administración como si fuera la única oportunidad de salvar a la gente. Todos, incluyendo los exponentes de la izquierda, ambos socialistas y comunistas, todos fueron conquistados por la administración de Roosevelt, y lo apoyaron completamente. Yo me acuerdo justo entonces, Mattick 

escribió un artículo, donde dijo: “La gente no debe contar con el gobierno de la administración de Roosevelt para resolver la crisis. Los trabajadores deben y solo pueden depender de sí mismos. Esta es la única manera real y sostenible para realmente resolver una crisis económica”. En este artículo, Mattick dio un ejemplo de todo lo que pasó en las zonas minerales americanas. Los mineros, cuya situación era extremadamente desesperada, tomaron las minas, sin hacer caso a los directivos de las empresas mineras, explotando el carbón y vendiéndolo directamente, creando una industria alternativa autónoma, una industria manejada por los mismos trabajadores. Según Mattick, este fenómeno era un ejemplo de cómo un proceso revolucionario podría nacer en un país como los Estados Unidos. Según él, las cosas no pueden cambiarse con un gobierno nuevo, ni por dependencia de las burocracias de los partidos izquierdistas, sino solo por la acción de las masas y control autónomo de la producción por las masas. Tendría que ser los mismos trabajadores que, algún día, van a apoderarse de la industria y van a dirigirla para el beneficio de la población entera.




Los años de consideración



Paul Mattick Jr.:

Nací en el año 1944, mis primeras memorias de la niñez acerca de las actividades de mi padre se datan de hasta 1950. En ese entonces tenía 6 años de edad. El movimiento político de la izquierda hasta ese punto fue terminando.  Pero todavía me acuerdo de que, en mi casa, las reuniones seguían, mucha gente venía a discutir de política. Eran grupos pequeños, los pocos que quedaban de los intelectuales politizados en los 30s. Muchos eran marxistas militantes, otros militantes de ascendencia europea como Karl Korsch, toda la gente que seguía ligada a ciertas ideas y venían a nosotros a discutirlas. Al inicio de los 50s, mi madre, mi padre, y yo salimos de Nueva York, nos mudamos a Vermont. La razón para salirnos de la gran ciudad fue por el hecho que, en ese entonces, el interés político de la gente se murió. No había nada que hacer a excepción de retirarse a estudiar, y en los Estados Unidos de ese tiempo, hasta los intelectuales izquierdistas desaparecieron.


Entrevistador:

Por casi 10 años, Paul Mattick vivió retirado en Vermont, en una casa pequeña pintada de rojo que construyó él mismo, bien cerca al arroyo, ayudado por su esposa e hijo. Estos son los años de consideración.


Aquí, él escribe su magnum opus (su obra maestra), un libro de teoría económica y de crítica de la economía, titulado: Marx y Keynes, en donde Mattick propone otra vez el análisis marxista para el estudio del desarrollo capitalista, y para una crítica de la supuestamente ‘economía mixta’, de la cual Keynes es el teórico más importante. Ya, en los 30s, Mattick estaba involucrado en economía, con un amigo Karl Korsch, uno de los pensadores marxistas más grandes, forzados por los Nazis a salir de Alemania. Mattick publica unas revistas en las que el empieza un análisis de los profundos cambios económicos que han intervenido en el mundo moderno económico, siguiendo la crisis global de 1929.


Con el lanzamiento del libro Marx y Keynes, luego traducido en todos los lenguajes más importantes del mundo, las teorías de Mattick fueron discutidas en universidades, y lo más importante, por la izquierda. En los Estados Unidos, en Japón, y en Europa occidental, la reputación y reconocimiento, recibido con escepticismo, llegó a él, después del lanzamiento de Marx y Keynes.


Paul Mattick es un personaje bien peculiar: es difícil agruparlas con las categorías tradicionales. Él no es identificable con un partido político o grupo preciso. Por toda su vida, él se ha mantenido un original, una persona extremadamente creativa, y un filósofo independiente. Pero no quiero caracterizarlo como un individualista, solo quiero decir que a pesar de que Paul Mattick fue un socialista, en el sentido más amplio de la palabra, él siempre se mantuvo lejos de las burocracias de los partidos izquierdistas. Mattick es más bien importante para la izquierda, manteniéndose fuera de los partidos políticos, que principalmente guiaban las ideas de sus propios seguidores. Él pudo conducir un análisis crítico muy acertado de lo que estaba pasando en los Estados Unidos.




Crítica de las políticas



Entrevistador:

La tradición libertaria de Paul Mattick, data de Rosa Luxemburg y otras teóricas socialistas izquierdistas. Para Mattick, como para Rosa Luxemburg, el proletario no es por sí mismo, la clase revolucionaria premiada con el deber histórico de abolir el poder burgués, en un proceso contradictorio largo, la clase de trabajadores producidos por el capitalismo; pero también, es el fabricante de este sistema, solo toma la responsabilidad, por breves momentos históricos, de cambiar las cosas profundamente. En estos periodos históricos, el alternativo al socialismo es el barbarismo; pero el socialismo, dice Mattick, debe venir desde abajo, desde las masas, a través de la participación de la gran mayoría de la población, y los instrumentos de esta democracia socialista, igual como sucedió en los principios de la revolución rusa y alemana, los consejos, los soviéticos. 


Paul Mattick:

Los soviéticos, es decir, los soviéticos de la fábrica de la Rusia revolucionaria no nacen espontáneamente. En la sociedad, no existe la espontaneidad pura, simplemente porque los humanos llegan a la acción mediante el pensamiento, mediante el reflejo. La forma organizacional de los consejos de los trabajadores fue dada por la fábrica. El capital junta las masas de las fábricas, forzando a los trabajadores a cooperar. Estos trabajadores que entienden el papel organizacional de la fábrica, son entonces capaces de organizar hasta afuera de la fábrica. Los soviéticos de los agricultores, por ejemplo, aparecieron un poco después en el campo, y fueron creados de la experiencia de los soviéticos de los trabajadores. La fábrica, ya en 1905, volvió a ser la base organizacional de las acciones contra el zar y contra los capitalistas. Incluso cuando el proletario no está organizado, cuando no tiene o no puede tener sindicatos o partidos, todavía se logran conducir sus acciones. Organizado en la fábrica, y por la fábrica, mediante el capital, es capaz de encontrar formas organizacionales adecuadas. En la historia reciente del movimiento de los trabajadores hasta los alborotos de los trabajadores polacos recientemente, podemos reencontrar esta constante de la organización de los consejos de los trabajadores a medio de la fábrica.


Entrevistador:

Entonces, según Mattick, la renovación del movimiento de los trabajadores pasa por la reclamación de la tradición antiautoritaria y de sus aspectos organizacionales, incluyendo cuando ellos no están explícitamente conocidos como soviéticos o consejos de los trabajadores. Además, sin una crítica del socialismo autoritario y del comunismo burocratizado, sin un análisis de las causas que trajo la degeneración de la revolución rusa, no sería posible dar plausibilidad al prospecto socialista.


Paul Mattick:

Rusia fue un estado al revés y por eso no podía parar tampoco económica ni políticamente, sino forzando el fenómeno de desarrollo de la concentración del capital en un régimen no competitivo. En las condiciones monopolísticas del mercado global, era necesario crear un super monopolio con el que se interviene más directamente encima de los mecanismos del mercado, ambos en Rusia y en el mundo global, para encargarse de la misma existencia de la economía monopolista. Entonces Rusia es la respuesta práctica al capitalismo monopolístico que ya ha existido en este mundo.


Aunque nunca se ha expresado en estos términos, los trabajadores soviéticos pronto entendieron que ellos se enfrentaron con una nueva clase. Esta clase no se reconoció como una, porque la idea de clases siempre estuvo conectada con la idea de la propiedad privada. Y nadie todavía entendía que las condiciones capitalistas pudieran continuar existiendo y desarrollándose, excluyendo el capital privado.  Todas las políticas de Stalin fueron manejadas por la necesidad de sostener la nueva clase, la recientemente creada clase burocrática que tenía un interés directo de conservación del estatus quo, y de la defensa de sus mismos privilegios, perpetuando una política de opresión a costa de los trabajadores y los agricultores. 


Cada sociedad de clases, si se basa en la propiedad privada y si esta propiedad privada es eliminada por el estado, supone privilegios en favor de la clase dominante, privilegios que se pueden expresar económicamente, como en el caso del capitalismo, o en términos de poder político, como pasó en la nueva clase dominante soviética. Las condiciones en las que el dominio de clase depende del supuesto que la clase trabajadora debe quedarse en una posición en la que no puede intervenir en los mecanismos decisionales de la sociedad. La clase de los trabajadores están forzados a vivir con lo justo, no deben tener ninguna oportunidad de hacerse autónomos, independientes de la hegemonía de la clase dominante.


Paul Mattick Jr.:

En mi opinión, lo que es distinto en la literatura de mi padre es que por su vida entera él podía mantenerse conectado a dos aspectos de la tradición teórica marxista, aspectos que generalmente fueron separados por los imitadores de Marx, el aspecto económico y político. Para él, el capitalismo es una forma de organización social que se inventa solo en base de una sociedad del futuro, entonces el análisis de capitalismo se hace una teoría de la crisis económica. La crisis económica, como una crisis social y política, empuja a la gente a crear nuevas estructuras de cohabitación sociales que emergen de la misma necesidad del crecimiento del capitalismo. En este contexto, Rosa Luxemburg inmediatamente viene a mente, y con ella el movimiento de los consejos de trabajadores, y teóricos izquierdistas como Gorter y Antón Pannekoek. En la teoría de Paul todo esto está presente, además encontramos el análisis de los mecanismos del capitalismo moderno, desarrollado después de la segunda guerra mundial, en esto, con que es posible entender las luchas diferentes de la clase trabajadora espontánea en esencia.


Según Paul, el mecanismo económico empuja a la clase de trabajadores a crear un movimiento de clase que está inclinado a emancipar a todos, y es el movimiento que va a ser revolucionario, no la ideología que se expresa en ciertos periodos. De esta manera, mi padre nunca creyó en las ideologías de prosperidad, y siempre intentó explicar cómo de la prosperidad provisional y efímera, igual como la de los 60s, siempre se cae de nuevo a una crisis. Desde aquí espero la renovación del movimiento político y del movimiento socialista. 




Crisis de la economía política



Entrevistador:

El capitalismo moderno, según Mattick, sigue ocupándose de crisis a crisis, como de sus inicios. En proporción al capitalismo analizado por Marx, sin embargo, Mattick subraya dos cambios fundamentales: en primer lugar, las crisis se han convertido en crisis globales, y producen destrucción real, si no guerras reales; en segundo lugar, el estado interviene encima de la economía para mitigar los daños producidos por el desarrollo competitivo del capitalismo, especialmente en un nivel social. La intervención del estado ha traído una nueva forma de economía de mercado, “economía mixta,” pero para Mattick, la creación de un sector de la economía que depende directamente del estado, por sus asignaciones, ha creado un sector que no produce para el mercado y por eso sigue improductivo, no resuelve las contradicciones del capitalismo.  Solo debilita las consecuencias de las crisis, reduce el desempleo, pero retrasa los problemas incidentales que, inevitablemente, van a presentarse de nuevo. Según Paul Mattick, una economía mixta tiene sus propias limitaciones en la necesidad de tener que incrementar el sector productivo de la economía, para enfrentarse con la crisis a costa del sector privado, el único que produce lucro real y que por lo tanto tiene la capacidad de hacer que funcione el sistema. De esta manera, según Paul Mattick, en ambos niveles nacional e internacional, las dos tendencias chocan, una requiere la expansión del sector estatal, y una que requiere la tendencia de reducirlo. En esta clara contraposición, el capitalismo sabe sus límites.


Paul Mattick:

Los límites de la economía mixta varían de país a país, con la razón de la posición específica en el contexto de la economía global, esto limites son de ponerlos dentro del periodo de tiempo donde un país específico está permitido de incrementar la deuda pública, y con su capacidad de organizar la economía para poder pagar las deudas después. Si en una economía mixta, la crisis se extiende por un largo tiempo, ahí está la posibilidad de que, no solo hoy teóricamente, sino realmente, que una inflación galopante siga a la crisis. No solo de que el desempleo crezca, sino también la inflación, significa que nos encontramos frente a un deterioro progresivo del capital, un derrumbe lento, mientras que los instrumentos que combaten la crisis se convierten en los factores agresivos de la crisis.


Esta situación ya ha sucedido en la realidad. Por esta razón, hoy, no solamente el mundo capitalista, sino también las teorías económicas se degeneran en un estado de crisis. La teoría capitalista, después de la contracción de ganancias, se puede atrasar con una política de un déficit de gastos públicos, y con una dilatación del crédito, que por mucho tiempo no ha demostrado validez. Las leyes antiguas de sobreacumulación siguen explicando sus efectos, en esta manera, mostrando que el capital no es capaz de encontrar una manera de regular su propio aspecto social, y esa sociedad, entonces, está todavía a la merced de las contradicciones provocadas por el mercado, y de la erosión lenta derivada del mismo proceso de acumulación capitalista.




Entrevistador:

Paul Mattick siempre ha sido un personaje inconveniente, él escoge ser inconveniente, un trabajador que ha llegado a las líneas intelectuales por casualidad ha querido asumir el papel de la crítica consciente del movimiento de trabajadores. Por esto, sus análisis de capitalismo y del movimiento de los trabajadores, son análisis fríos y a veces implacables, que no ofrecen soluciones reconfortantes. Pero para quienes aspiran a renovar la izquierda, deben medirse con las ideas de Paul Mattick, con su peso crítico. Y para aquellos que rechazan las conclusiones, la comparación es necesaria para un entendimiento sin las capas ideológicas del mundo moderno, en su densidad, pero también en todas sus inconsistencias.


En esta entrevista larga, Paul Mattick ha hablado sobre el mismo y de sus ideas, su realismo pesimista, y el destino de su propia experiencia, siguen más que todo un testimonio de la crisis de identidad, de ideas, de análisis y de proyectos, en que hoy la izquierda oficial se encuentra dentro del movimiento institucionalizado de trabajadores.



Simone Monet.

Alexi T.

M.S.

Corgi. 

Zoe

Martin

Alexis

(1)        vía estrecha (ferrocarril) = un ferrocarril con una ancho de vía menos ancho que el estándar

(2)        Berliner Straße = nombre de un tren

(3)        SIMES = fabrica.

(4)        Las Escoletas = gente que trajeron los inmigrantes a bordo.

(5)        Sacco y Vanzetti = Dos italianos arcanistas acusado de asesinar dos hombres  durante una roba. Los dos inmigrantes fueron ejecutados. En ese entonces, y todavía hoy, muchos les ven inocentes.